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Icono del Punk Mundial.

Sucio y desprolijo, Sid formó parte de los Sex Pistols y dejó tras de sí una leyenda de transgresión, drogas y muerte que hicieron al ADN punk, relacionado directamente con la sentencia “No future“. No había futuro para ese grupo de jóvenes que vestían ropa de segunda mano o de inspiración sadomasoquista, mucho cuero y metal (alfileres de gancho como accesorio distintivo), y que desde una pequeña tienda de ropa de Londres cambiaron la historia del rock en 1976.

Sid Vicious no fue el más talentosos de esa camada ni mucho menos. No compuso ninguna canción emblemática de la época y apenas sabía tocar el bajo, pero su imagen, gestos y carisma marcaron para siempre una revolución. Para sumar elementos coloridos, los escándalos que rodearon su relación de pareja con la groupie neoyorquina Nancy Spungen -apuñalada en octubre de 1978 en una habitación del célebre Chelsea Hotel- permitieron una cierta canonización de su figura. Aunque Vicious fue considerado principal sospechoso, finalmente fue liberado bajo fianza. Y murió unos meses antes de ser juzgado. Aquella historia de romanticismo trágico, drogas, escupitajos y guitarras distorsionadas fue llevada al cine en 1986 por el director inglés Alex Cox bajo el título de Sid and Nancy, con Gary Oldman (el hombre que fue Churchill) en el rol del muchacho punk.

Es una calurosa tarde de sábado, Mick y yo paseamos por Portobello Road y vemos venir hacia nosotros a John Rotten y a otro tipo. De inmediato le suelto la mano a Mick, no quiero parecer cursi, y nos paramos a hablar con ellos. John tiene el pelo rubio y de punta. Su amigo lo tiene moreno y de punta. Los dos son altos y delgados, parecen una bonita pareja de estantes. Durante la conversación menciono que compré una guitarra y que voy a formar un grupo. Para mi sorpresa, el amigo de John dice ‘quiero estar en la banda con vos’. Es algo extraordinario que un chico diga eso, puesto que apenas existe algún grupo en el que se mezclen chicos y chicas. Mick parece incómodo: le gusta que yo toque la guitarra, pero no había previsto algo así. Si yo formo un grupo con ese tipo pasaré a ser parte del enemigo. La sola idea de él y yo tocando juntos ya hace que los Sex Pistols parezcan un poco anticuados. Un grupo musical formado por chicos y chicas es algo nuevo. Le pregunto al amigo de John qué instrumento toca. ‘El saxofón’, responde. Quedamos en encontrarnos en Davis Road al día siguiente. ‘¿Quién es ese tipo?’, le pregunto a Mick cuando nos alejamos. ‘Sid’. ‘¿Qué tal es?’. ‘Es amigo de John. No sacarás nada bueno mezclándote con él'”.

El relato de la cantante y guitarrista Viv Albertine -líder de The Slits, banda femenina de la época- en su magnífico libro de memorias Ropa música chicos (Anagrama) incluye ésta y otras sabrosas anécdotas que pintan de cuerpo entero al personaje en cuestión. Viv y Sid fueron amigos o algo así, además de eventuales compañeros de banda.

“El porte de Sid es el de una persona vergonzosa y retraída; siempre con la espalda encorvada y la cabeza hundida entre los hombros, como si le traumara ser tan alto y quisiese minimizar su presencia frente a los demás. Cuando habla pasa lo mismo: aunque tiene una voz profunda y masculina, balbucea tímidamente, casi con coquetería. Hace el payaso, adopta el papel del tonto del pueblo, como Ollie en El Gordo y el Flaco. Pero no es ningún tonto, así que deduzco que quiere que la gente lo subestime. Quizás piense que eso le da cierta ventaja. La imagen que ha construido de sí mismo no es más que una máscara”, describe Viv en otro sabroso fragmento.

El verdadero mentor de la revolución punk, mánager de los Sex Pistols, Malcolm McLaren dijo en un documental que si hubiese conocido a Vicious antes que a Johnny Rotten, hubiese elegido al primero como líder por ser más “carismático”. Sid había comenzado su carrera en The Flowers of Romance y posteriormente se unió a Siouxsie & the Banshees, como baterista de un primer show celebrado en el mítico 100 Club Punk Festival. Escribió Viv Albertine: “Coloca las manos sobre el saxo, los codos pegados al cuerpo, las rodillas y los pies muy juntos y las piernas rectas mientras rebota con un monigote que salta arriba y abajo en un trampolín. (La gente empezó a copiarlo cuando Sid lo hacía en los conciertos y esta forma de bailar dando saltos en el mismo lugar pasó a llamarse Pogo).”

La leyenda de Sid Vicious (al parecer, el inventor del pogo nada menos) está cimentada en gestos como éste y en una breve temporada como bajista de los esperpénticos Sex Pistols, prohibidos en la Gran Bretaña por burlarse de la reina, chicos de tapa de los diarios sensacionalistas por putear en vivo en la televisión nacional, contratados, expulsados y vueltos a contratar en cifras millonarias por algunas de las grandes compañías discográficas del momento (EMI, A&M, Virgin), autores de un único, influyente y extraordinario disco titulado Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols. Pero su historia de amor, locura y muerte con una chica neoyorquina llamada Nancy Spungen lo cambiaría todo. Fueron los Romeo y Julieta del punk.

Juntos en la locura construyeron una relación dependiente, violenta y destructiva. Aunque él consumía drogas desde adolescente, se sospecha que fue Nancy quien lo introdujo en la heroína. Rápidamente, Vicious se enganchó.

La mañana del 12 de octubre de 1978, se despertó desconcertado y aturdido en la habitación número 100 del Hotel Chelsea. La cama estaba empapada de sangre, y siguió el rastro rojo que atravesaba la habitación y que llegaba hasta el cuarto de baño. Lo que vio a continuación jamás lo pudo olvidar. La chica estaba tirada en el suelo, junto a la bañera, vestida con ropa interior negra manchada de sangre. Un cuchillo le atravesaba el abdomen. Nancy Spungen había muerto desangrada a los 20 años.

Fue el primer sospechoso. Al fin y al cabo, se supone que él era el único que estaba en esa habitación. Fue arrestado acusado por homicidio en segundo grado. “No pueden detenerme. Soy una estrella de rock”, declaró a la policía. Después confesó ser el culpable: “Lo hice porque soy un perro asqueroso”. Aunque más tarde alegó que encontró a su pareja muerta cuando despertó para buscar un frasco de metadona. Virgin Records pagó la fianza y salió de prisión a la espera de un juicio. Al poco tiempo, intentó suicidarse cortándose las venas.

Finalmente, el 2 de febrero de 1979, Sid Vicious falleció a los 21 años, víctima de una sobredosis de heroína pura que su madre, Anne Beverley, le había facilitado. La señora -que también moriría de sobredosis en 1996- declaró en ese momento que su hijo no habría aguantado una condena y también aseguró haber encontrado una nota de suicidio: “Teníamos un pacto de muerte y tengo que cumplir mi parte del acuerdo. Por favor, entierrenme junto a mi chica con mi campera de cuero, jeans y botas de motoquero. Adiós”. Efectivamente, ya no había futuro para él.

La nota suicida

La nota suicida

Por Daniel Bajarlía

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