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Una movida que apuesta a la experimentación con sintetizadores y sonidos pop, y a la fraternidad entre las bandas.

La puertas abren a las 15 hs, el calor cordobés no dista mucho del santiagueño. La organización
a preparado puntos de hidratación y reparte frutas cada tanto para hacer amena la siesta. La
nueva generación hace eco en el Castillo del Jockey Club, una estructura que ha estado fuera
de funcionamiento un largo tiempo y alberga un festival prometedor que convoca a las
mejores bandas emergentes de la escena local. Pero no todo es música en carta: food trucks,
feria de fanzines, tatuajes en vivo y más.

El paisaje es colorido: camisas estampadas, tinturas verdes y púrpuras, brazos, cuellos y
piernas tatuadas, infaltables viseras y lentes de sol, hasta pista de skate. La nueva generación
trae otra energía, de hermandad y buena vibra que se respira por donde camines. Pero por
sobre todo, nuevos sonidos.

El headliner de la jornada es El mató un policía motorizado (banda consolidada y de fuerte
pisada), los jóvenes e hilarantes Perras on the beach (con su mediático frontman: Simón
Poxyran), el carismático Louta, el rock furioso de Marilina Bertoldi, las sutilezas pop de Juan
Ingaramo, Valdes, Bándalos Chinos y De la rivera. Las melodías psicodélicas de Hipnótica,
Francisca y las exploradoras, y Telescopios. La banda revelación El Zar, el girl power de Las ligas
menores, también salvapantallas, Paulo Londra, Un buscador, Nina, The Reverend sons of y,
desde Chile, MKRNI.

Por Agustin Del Monte

 

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