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Carta de un Sobreviviente de Cromagnon.

Mi profunda necesidad como sobreviviente de la tragedia de Cromañón relatar aquella noche y posicionarme respecto a los acontecimientos. Mucho se ha hablado durante estos años, los hechos se han enmarañado, muchos opinólogos a sueldo que disertan y discursean desde un pedestal precario y desidioso los cuales no hacen más que reproducir falacias que no logran finiquitar media verdad, muchos de ellos con título de periodista pero con una dudosa procedencia ética, pasando por encima del dolor de las víctimas, desinformando a una sociedad que ha estado avizorando lo ocurrido y se ha sumado a los reclamos de justicia social. Durante todos estos años el periodismo jugó un rol preponderante y significativo, el mismo se ha encargo de encubrir, tergiversar y manipular los hechos en beneficio de su propio negocio conexo a intereses políticos y económicos, alegando a los más débiles y exonerando a los principales promotores. Se han inventado un sinfín de dolos tratando de exponer a familiares y víctimas, de trasladar culpas. La prensa oportunista y más amarilla que nunca ha jugado a su propio lucro desinformando por completo las verdades que fueron sucediendo a la tragedia.
El 30 de diciembre de 2004 me encontraba atravesando mi adolescencia, con sólo 14 años de edad. Recuerdo ese día como si fuese ayer. Se ha perpetuado por siempre en mi memoria, no hay un solo día que pase en el que Cromañón no se haga presente, esa horrible y desesperada sensación de pueda repetirse en cualquier momento. Tendré que sobrellevarlo conmigo por siempre, durante estos años he aprendido a retener el dolor, convivir con él, explorar su naturaleza, es en cierta manera, una forma de cese del mismo, aunque esté arraigado perennemente. Ese dolor que significó una tragedia de tal magnitud se ha llevado la vida de mi cuñado y amigo Mario Abel Torres y de mi amiga Romina Branzini, además de otros 192 compañeros, sin contar las víctimas indirectas que también provocó Cromañón.
Era imposible con 14 años y luego de lo ocurrido poder expresarme y hacer un análisis lúcido de lo ocurrido, mi edad no profesaba capacidad intelectual para tal observación, los hechos me sobrepasaron, me encontraba confundido y aturdido, con un dolor flamante que bloqueaba cualquier intento de expresión. Escribir estas líneas requiere ahínco de mi parte y significa todo un esfuerzo, mientras las lágrimas caen y se estrujan en el papel, una sensación en el pecho me deja por momentos inmóvil y taciturno, pero es necesario proseguir y relatar los hechos. Me remonto a un día anterior a lo sucedido, al 29 de diciembre, fue un día significativo. Me dirigí al trabajo de Abel y Romina, además de retirar mis entradas para el show, pasé la tarde con ellos. Como era costumbre, propia del encanto de persona que era Romina, me invitó a quedarme, escuchar música y hablar de las expectativas que teníamos. No era la primera vez que iríamos juntos a ver la banda, ya habíamos asistido a Cromañón, Cemento y Obras. Pasamos una muy linda tarde y luego que me entregara las entradas, me despedí de ellos acordando que después del show del 30 cenábamos juntos.
Aquel 30 de diciembre se respiraba un aire festivo y jovial propio de un fin de año que se aproximaba, la emoción de ir a un concierto de rock no necesita explicación. Hacía pocos días atrás ya habíamos vivido una gran fiesta con el show de la banda en el estadio Excursionistas, así que coronar aquel año en Cromañón resultaba espléndido. Caía ya la tarde cuando emprendí mi viaje desde Merlo a Once, con mi amigo Julián Benítez, quién fue invitado por mi luego de que mi hermana rehusara a asistir por motivos personales. Todo marchaba bien y con alegría, una vez establecidos en las cercanías del lugar nos relajamos un rato hasta ir a formar fila e ingresar al local. Una vez adentro nos ubicamos, primero cerca de las escaleras y luego atrás del recinto, allí nos encontramos con conocidos los cuales mostraban la misma efusividad de presenciar el show. La banda Ojos Locos dio comienzo como soporte de Callejeros y la fiesta ya había comenzado. Una vez terminado el set, con mi amigo fuimos a posicionarnos hasta alcanzar un lugar que nos permitiera ver mejor el show de Callejeros que estaba a minutos de salir, logré ubicarme a unos 15 metros del escenario y entre la gente, perdí a mi amigo Julián, cosa que no me preocupaba, ya que era muy común desencontrarnos en los shows debido a la cantidad de personas. Pude visualizar a mi cuñado Abel y mi amiga Romina que se encontraban ubicados en el VIP del primer piso, entre señas y ademanes quedamos en que, una vez finalizado el show nos encontraríamos fuera del recinto, alegres y jocosos, no sabía yo que esa sería la última vez que los vería.
La gente ya se encontraba apasionada y festiva, el calor era abrumador, ese día la temperatura había sido elevada, estar en un lugar cerrado se hacía sentir. El ritual de los cantos, el pogo, los trapos y las bengalas no tardó en exhibirse y antes de que la banda comenzara a tocar el lugar se cubrió de humo, ante estos hechos el mismo Pato Fontanet y Omar Chabán advirtieron al público del uso de la pirotecnia, este último mencionó que no quería que termináramos todos muertos como en la tragedia de Paraguay donde días anteriores se había prendido fuego un centro comercial el cual se cobró, lamentablemente, varias víctimas. La efervescencia y el entusiasmo del público era tal que dichas palabras no conmovieron a nadie, realmente no se tenía conciencia de lo que significaba estar en un perímetro herméticamente cerrado y encender pirotecnia, donde el material acústico era altamente inflamable y tóxico, y las puertas de emergencia se encontraban tabicadas. La banda salió al escenario y la gente comenzó a agolparse contra las vallas, sonaban los primeros acordes de “Distinto”, temazo que abría en ese momento el que era el último álbum de Callejeros, “Rocanroles sin Destino”. No se llegó al minuto del tema y la banda precipitadamente dejó de tocar, al visualizar un resplandor fogoso detrás de mí, me doy vuelta y una candela se había incrustado en los paneles del techo, lo que desató el incendio. A partir de allí era todo confusión, la gente comenzó a aprisionarse y tratar de desplazarse para no ser alcanzados por la media sombra que una vez quemada, caía sobre los cuerpos y se adhería a la piel provocando un ardor sumamente intenso.
Algunos se dirigían hacía la puerta de emergencia más cercana, la cual después nos enteraríamos que estaba completamente cerrada, otros como yo, tratábamos de dirigirnos hacía el mismo lugar por donde habíamos entrado. Repentinamente y para sumar más pánico a la situación el sistema eléctrico del lugar se cortó, la situación era por demás alarmante, en ese momento tuve que avanzar donde el incendio se estaba gestando y fui alcanzado por el material encendido que comenzó a gotear sobre mí, lo cual me provocó quemaduras en los brazos y la espalda. Ante el dolor, la desesperación y no poder visualizar nada de lo que sucedía a mí alrededor, además de que mis pulmones ya comenzaban a sentir el asedio, caí al suelo y centenares de personas comenzaron a pasar por encima. Mi pensamiento era determinante, iba a dejarme allí sin chance, cada intento por levantarme fracasaba una y otra vez por otras personas que ante la misma desesperación me pasaban por arriba. Fue hasta que alguien sintió mis intentos y al pasar sobre mí, extendió su mano, me ayudó a erguirme, tambaleando un poco recompuse mi postura, empecé a avanzar, logré encaminarme hacía la puerta y luego de saltar una barra que se ubicaba en los costados del local, visualicé los portones que me dirigían a la calle. Toda esta odisea espeluznante ocurrió en escasos minutos, pero parecía que yo me encontraba allí hace horas. Una vez en la calle no podía creer lo que estaba sucediendo, no entendía nada de lo que ocurría, todos alrededor estábamos superados ante los hechos. A los pocos minutos, muchos de los que habían logrado salir, entraban en rescate de la gente que todavía se encontraba atrapada, el panorama era desolador y me encontraba devastado, los chicos ya salían sin vida, asfixiados y quemados, los cuerpos se iban apilando en Bartolomé Mitre al 3000. Desconcertado y compungido empecé a asistir a los chicos que salían en brazos de valientes que se atrevían a entrar una y otra vez en rescate.
Las ambulancias del SAME comenzaban a llegar al lugar, fui interceptado por una de ellas para oxigenarme, mi aspecto debía ser aterrador, pero me negué ya que la condición de otras personas era taxativa. Todo ese tiempo pensaba en mi amigo Julián, en Abel y Romina, me trepé a un muro para hacerme ver o intentar encontrarlos a ellos, pero fue en vano. Ambulancias, bomberos y policías, la calle se encontraba colmada de personas que corrían de un lado a otro, las sirenas me confundían aún más. Fue entonces cuando divisé que los medios comenzaban a llegar y a emitir imágenes de lo que estaba ocurriendo. Inmediatamente pensé en mis padres, mis hermanas y amigos buscando noticias sobre lo que pasaba y conmovidos por los hechos. Entonces tomé la decisión de irme a casa, si mis padres estaban viendo las noticias iban a infartarse en cualquier momento sabiendo que yo me encontraba allí. Hasta el día de hoy que no puedo para de sentir una sensación doliente de haberme marchado. Pero, ¿qué podía hacer yo con 14 años sobrepasado ante una situación cómo esta? Pensaba todo el tiempo en mis padres viendo por televisión como sacaban cuerpos, los podía sentir vencidos y extenuados a la espera de que el próximo que vean sea yo.
Una vez en el tren de regreso a Merlo traté de tranquilizarme y tomar conciencia de lo que sucedía, la gente me miraba, pero ninguno se atrevía a preguntarme que era lo que me había sucedido, no estaban al tanto de lo ocurrido. Hasta que un muchacho me pregunta y comienzo a relatar lo que había vivido hace unos minutos, cuando me doy cuenta una ronda de personas se había concentrado a mí alrededor, nadie podía creer lo que estaba relatando, algunos comenzaron a llamar por teléfono a sus familiares para que le cuenten un poco más lo que estaba sucediendo. Estaba quebrado, sin voz, me costaba respirar y rompí en llanto. La gente muy amable trató de sosegarme durante todo el viaje, mi preocupación era clara Abel, Romina, Julían y mis padres. Me acuerdo y me siento un ingenuo, por haber dicho: “Mi cuñado (Abel) y Romina seguramente no habrán tenido problemas, el fuego se inició en el centro y no llegaba hasta el VIP, seguramente se habrán refugiado en los baños y todo está bien”. Claro, luego caería en cuentas de que la pirotecnia encendió los paneles acústicos revestidos en espuma de poliuretano y la media sombra generó dióxido y monóxido de carbono fusionado al ácido cianhídrico, cuando todo esto entró en combustión era cuestión de minutos para que todos empezaran a intoxicarse y morir por asfixia.
Una vez que llegué a mi casa el panorama era como lo esperaba, mis padres ante un ataque de nervios, mis hermanas desesperadas. Cuando abro la puerta y me ven entrar quebramos en llanto todos, nos fundimos en un abrazo que fue el más intenso que sentí jamás, nunca voy a olvidarlo, toda mi congoja se vio de repente aminorada estando en los brazos de mi familia, era un milagro que yo estuviese allí con vida. Como diría el Indio Solari “Por esa vez la Vieja Cosechera vino por mí y no quiso besar mi vida”. La muerte me rozó fina con su presencia aterradora, pero esta vez parecía no ser el momento. Tiempo después y luego de contar lo sucedido nos dirigimos con mis padres a la Clínica más cerca del barrio, esa Clínica que me vio nacer, ahora veía como zafaba de la muerte, fui atendido y curado de mis heridas. Al salir de la habitación y toparnos con la sala de espera la panorámica emitida por los medios era cada vez peor, por ese momento ya eran aproximadamente 130 las víctimas y nada sabíamos sobre Abel, Julían y Romina.
Mi padre acompañado de mi hermana y mi otro cuñado, emprendieron viaje en busca de Abel y tratando de buscar información sobre Romina y Julían. Lamentablemente, luego de recorrer hospitales atestados de víctimas pudieron encontrar cuerpo, había sido encontrado previamente por su hermano quién luego notificó a mi familia. Abel con tan sólo 24 años de edad se encontraba difunto y yacía en las inmediaciones del Hospital Pena. Mientras tanto yo permanecía en mi casa, tratando de descansar pero estaba completamente lúgubre y atónito siguiendo las noticias, intentaba escuchar las listas de víctimas que informaba el Ministro de Salud pero hasta el momento en ninguna de ellas figuraban ninguno de los tres, lo cual me daba un poco de esperanza. Después mi madre me daría la noticia de que mi padre había dado con el cuerpo de Abel. Eso me destrozó por completo, quedé íntegramente desolado, no podía entenderlo, lo que había comenzado hace unas horas atrás como una fiesta se había convertido ahora en muerte y se había llevado la vida de un familiar que además era mi amigo, por aquel entonces, una de las personas en las que yo más confiaba. Con el correr de las horas también nos enteramos que Romina estaba entre las víctimas fatales. Todo se había vuelto un calvario de padecimiento, el profundo dolor que sentía me hacía conocer lugares insospechados de mi ser.
Al día siguiente fui nuevamente a realizarme las curaciones correspondientes temprano en la mañana acompañado de mi madre. Al salir de la Clínica me encuentro con Julián, él había estado en desvelo toda la noche buscándome hospital por hospital, resignado y con dolor fue en última instancia a la morgue. Al converger se produjo también otro de los abrazos que jamás olvidaré, un alivio recorrió todo mi cuerpo, no quería ni pensar que hubiese sucedido si a él le pasaba algo, invitado por mí al show, no hubiese podido soportar semejante situación, la culpa hubiese destrozado lo poco que quedaba de mí. Luego de esto, fuimos a la casa de mi abuela quien se mostró sorprendida de que nos hiciéramos presentes tan temprano, ella no sabía nada de lo que había pasado. Cuando tuvimos que contarle rompió en llanto y se mostró muy afligida, quería muchísimo a Abel y no podía asimilar que él ya llevaba unas cuantas horas muerto. Aquí es donde me refiero a que Cromañón no solo tiene víctimas directas, si no que Cromañón siguió matando gente, siguió calando hondo y haciendo eterno el sufrimiento de miles de familiares, tal es el disgusto que se llevó mi abuela con todo lo ocurrido que meses después cae enferma de cáncer y muere al poco tiempo sumando aún más dolor y padecimiento a nuestra circunstancia. Los días posteriores a la tragedia nos encontrábamos con mi familia atravesando, sin duda, uno de los peores momentos de nuestras vidas, mis padres abrazados y sostenidos mediante la fe, fueron sobrellevando la situación a pesar de tanta angustia. En todo momento, trataron siempre de proteger y ser un sostén emocional ante la fragilidad en la que me hallaba, de poder encontrar aunque sea un mínimo de esperanza ante tanto tormento y desconsuelo. Los meses fueron pasando, gracias al calor de mi familia, a mis amigos, a mucha gente que se solidarizó conmigo y a la ayuda del psicoanálisis, pude retomar mis actividades y seguir con mi vida, el dolor siguió manifestándose en todas sus formas, pero aprendí a convivir con él y llevarlo conmigo por siempre.
Pero no todos corrieron con la misma suerte. Las secuelas psicológicas están terminando de rematar a los sobrevivientes que deben afrontar un calvario infernal que se reproduce todo el tiempo en el seto de la memoria, allí Cromañón sigue operando y masacrando de manera terrible con total libertad a falta de contención y eficacia en los tratamientos. Las políticas de asistencia posteriores a la tragedia fueron y siguen siendo paupérrimas. Desde el Gobierno de la Ciudad han paseado a sobrevivientes por un sinfín de psicólogos y diversos profesionales que responden a organismos de Asistencia a la víctima de la ciudad sin obtener de ello algún efecto recuperador. Se llamaba a los sobrevivientes a entrevistas con profesionales que hacían revivir toda esa noche trágica en menos de una hora y con el lema de “Informe para el Gobierno de la Ciudad”, se han inyectado millones en atenciones fantasmas que no puede paliar las necesidades de los sobrevivientes porque ni siquiera existen. Muchos sobrevivientes y me incluyo en ellos, debimos acudir al sector privado de la salud para tratar todo nuestro trauma, no porque neguemos y no reivindiquemos el sector público, por el contrario. Pero fue tan ineficaz la contención luego de la tragedia que la atención psicológica no daba ningún resultado en atemperar nuestra angustia en sesiones de apenas 20 minutos por semana y a modo de trámite.
Es necesario para mí hacer una reflexión a los movimientos en política que se gestaron luego de Cromañón, donde también ha habido tergiversación, mala interpretación y oportunismo. Mucho se ha hablado y hasta montado una operación desde el mismo oficialismo ibarrista que luego fue seguida por sectores progresistas, a lo que denominaron “golpe institucional” gestado por la derecha para destituir por entonces al Jefe de Gobierno, Aníbal Ibarra. Todos sabemos que la derecha ha apelado históricamente a un sinfín de mecanismos ignominiosos y miserables para capitalizar políticamente cualquier hecho que involucre responsabilidad en las esferas de gestión que se encuentre ejerciendo mandato y que poco le puede importar el dolor de las familias con tal de posicionarse. Si bien es cierto que con el juicio político y la posterior destitución de Ibarra, la derecha fue la más beneficiada, no creo que sea adecuado hablar de “golpe institucional”. Más bien, lo que sucedió fue un fortalecimiento de dichas instituciones que se mostraron flexibles y condescendientes para canalizar la exigencia social de responsabilidad de las autoridades. Además esa destitución si bien fue votada por los principales bloques opositores (PRO y ARI) también contó con el voto de legisladores de izquierda, el bloque unipersonal y el mismo kirchnerismo, es decir, la derecha en la legislatura, no era mayoría. Tanto en la Sala Acusadora como en la Juzgadora se alcanzaron los votos indispensables para que Aníbal Ibarra pierda su cargo. De esta manera, es necesario desbaratar aquel argumento de un supuesto “golpe institucional” que nada tuvo que ver con la realidad de los hechos pero que sin embargo fluyó como una vertiente en la lectura política de los sectores que pretendían llevar el proyecto Nacional y Popular a la Ciudad. Es necesario entender que el juicio político no alega responsabilidad penal ni civil y que solo cae sobre el accionar del desempeño de los funcionarios.
Aníbal Ibarra y sus funcionarios fueron responsables y culpables de la tragedia de Cromañón, más allá de que sabemos que las causas de una tragedia como ésta tienen su epicentro en políticas neoliberales que se ejecutaron años anteriores, donde el Estado quedó sometido para servirse a la valorización financiera, amparando a la misma y desarticulando la política mediante un proceso que devastó todos los niveles (económico, cultural, educacional) y se olvidó adrede por completo de las exigencias que socialmente eran necesarias para prevenir y proteger a los sectores vulnerables. La Ciudad se encontraba en default, el país entero había sido acechado por políticas nefastas y recién empezábamos a transitar un camino de recuperación, pero el por entonces Jefe de Gobierno cometió actos ilícitos que dejaron en evidencia su mala gestión y administración, además tuvo conductas posteriores a la tragedia que, lejos de mostrar un acercamiento a lo ocurrido, lo único que hizo fue tratar de defender su imagen, tergiversar información, hablar de una “responsabilidad colectiva” y solapar los hechos. En definitiva, el Jefe de Gobierno manchó todo un proyecto político actuando con insolvencia, incluso un ministro tuvo que hacerse presente en el lugar de los hechos para coordinar, autorizar y dar indicaciones que el Jefe de Gobierno fantasma debería haber hecho. Más aún, en la sede de Defensa Civil debería de haber funcionado un comité presidido por el mismo Ibarra y organizar un operativo ante este hecho adverso, pero ello nunca ocurrió. Ni siquiera fue capaz en los días posteriores acercarse a los familiares de las víctimas, esto recién ocurrió cuando el propio Presidente de la Nación, Néstor Kirchner, gestionó una reunión con los familiares de los mismos.
Como víctima de Cromañón sé que la tragedia tiene varios culpables y responsables directos (funcionarios, policía, bomberos, poderes económicos empresariales) pero hay que ser cautos al hablar de “responsabilidad colectiva” ya que se pierde de eje a los verdaderos causantes. No podemos pensar que al haber “responsabilidad colectiva” se relativice el rol del Estado, de los funcionarios, la policía, etc., y se caiga sobre la imprudencia del público, sería posicionarse en un grave error y despojarse de incumbencia. Cromañón ha sido una mala gestión por parte del Estado y sus líneas heterocéfalas que no puede hacerse cargo de años y años de mala administración pero que si es responsable ante los hechos que si ocurren durante su mandato. Cromañón sucedió a una serie de responsabilidades: un lugar mal habilitado cuyas puertas de emergencia estaba encadenadas, es decir, las mismas eran inexistentes y no cumplían con su función, el lugar no contaba con la ventilación adecuada, ni estaba preparado para recibir tanta gente, el material acústico era altamente tóxico e inflamable, tampoco existía señalización, el certificado por parte de los bomberos estaba vencido, había ordenes producto de coimas de no inspeccionar el lugar dando lugar a beneficios y privilegios del empresariado, denuncias que el Jefe de Gobierno nunca escuchó y que lo posicionan ante lo ocurrido como un claro responsable de que Cromañón haya sobrevenido. Aquí no puedo admitir posicionamientos ideológicos que cieguen la razón, puede ser cierto que Ibarra como Jefe de Gobierno haya proyectado políticas para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y amén de que haya sido su gobierno un intento de llevar el proyecto Nacional y Popular a la ciudad, pero ha actuado con insensatez y no cumplió con la función que exige un alto cargo como el que ejercía. Como consecuencia de este menoscabo actuar se produjo una tragedia evitable y por lo tanto, cualquier accionar político que incurra en tales desaciertos, ha fracasado, no como como proyecto, el cuál puede ser válido y pretender buscar mejorías al conjunto social, sino como lo que es y lo que fue, lejos del ideal que pretendía o al menos evocaba desde su abstracción alejada y dura de lo que fue la realidad. Tenemos que dejar de repetir la frase: “El Estado ausente”. El mismo nunca está realmente ausente. Hay dos formas de Estado compuesto: o impulsa crecimiento y desarrollo a través de políticas de inclusión a favor de los pueblos, o es un mero gendarme y vigilante de los sistemas financieros que hacen posible la desregulación y de los poderes concentrados que operan con impunidad.
Por otro lado, el poder corporativo judicial no se ha cansado en todo este tiempo de dar golpe tras golpe, ese órgano que se reproduce así mismo sin la determinación de las voluntades populares (las mismas están más calificadas de voto que los jueces de impartir justicia), ha actuado bajo presión y subyugado siempre sobre los más débiles. A modo de ejemplo, una jueza implantó una mentira absoluta diciendo que en Cromañón funcionaba una guardería, la cual fue reproducida sistemáticamente en todos los medios de comunicación para confundir a la sociedad, aún habiendo sido absolutamente desmentida y teniendo el acceso a la información para desarticular tal mentira, allí no funcionaba una guardería, lo que sucedió es que mucha chicos recurrieron a los baños para paliarse del fuego desconociendo absolutamente el alto nivel tóxico que provocaba la combustión de los elementos utilizados como acústica del lugar. Otros se han manifestado extrajudicialmente sobre el proceso hacía una de las partes, alegando y dejando asentado que su accionar concreto se manifestaría luego en el fallo. ¿Cómo puede entenderse que la culpabilidad en Cromañón recaiga íntegramente sobre Callejeros más que en funcionarios públicos que no cumplieron con su deber? Son ellos quienes poseen los mecanismos y los recursos para gestionar como gobierno y evitar que una tragedia como Cromañón exista, si ese local no hubiese estado habilitado como corresponde, otra hubiese sido la historia, el mismo se promocionaba durante años anteriores como el lugar más “seguro” para realizar espectáculos, incluso suplementos de medios hegemónicos lo promovían como un nuevo local altamente capacitado para ejercer espectáculos de cultura.
Los que imparten justicia en nuestro país con un pasado oscuro y siniestro, con regalías en golpes de Estado, han dictaminado mediante un jugoso beneficio personal culpar a Callejeros, como si mañana un juez determine que el culpable de la tragedia de Once es el maquinista que conducía la formación que se estrelló en la estación y no sobre el empresariado que, negociando con funcionarios del Estado, se beneficiaba de la concesión otorgada por el gobierno nacional para maximizar beneficios a favor de su propio lucro y ganancia, desinvirtiendo en el trasporte público donde viajaba, en su mayoría, el pueblo trabajador y estudiantil. Con el fallo, la justicia demostró que si uno es artista también debe saber si un lugar que se gesta como medio cultural, está bien o mal habilitado, función que corresponde a los inspectores, como artista debe saber si los elementos que se utilizan en el local funcionan como corresponden, si los matafuegos están cargados, si las puertas de emergencia están habilitadas y sin cadenas, función que concierne también a los inspectores y al dueño del mismo, como artista debe saber si la policía cumple su función impidiendo cohechos y dando beneficios a través de coimas, como artista debe saber si el certificado de bomberos se renueva todos los años, en definitiva, como artista pretenden que uno sepa todo lo que el Estado y las autoridades deben hacer y no hacen, más aún, pareciera que uno mismo tuviera que hacerlo.
Es por demás necesario en lo que concierne a mi persona mostrar absoluto e incondicional apoyo a los músicos de Callejeros, también víctimas de Cromañón y atacados injustamente no sólo por los medios y la justicia, sino también por familiares de las víctimas, hasta se les impidió incluso hacer su propio duelo. Mi convencimiento de que ellos no son culpables, que no formaron parte de coimas ni cohechos, de las 194 víctimas en Cromañón el 40% corresponde a familiares y amigos de los músicos, los mismos no cesaron de entrar y salir aquella noche de la tragedia ayudando al primero que lo necesite, sacando chicos hasta entrada la madrugada, jamás fomentaron ni incentivaron el uso de bengalas sino que sólo lo toleraban, porque (¡No seamos hipócritas!), las mismas formaban parte de una cultura del rock que tenía ese especial condimento que después de todo lo sucedido podemos decir que es absolutamente erróneo y desubicado, hoy es necesario que prime el respeto y el miramiento entre todos nosotros, pero sabemos que ello era todo un ritual en el rock, lametable, por cierto. “Lo obvio suele pasar desapercibido, precisamente por obvio”. La cita que corresponde a Lacan es contundente, aunque ese ritual era evidente en su peligro, pasó desapercibido, nunca tomamos conciencia, fuimos pasándonos esa bomba que finalmente explotó. Muchos músicos y colegas han dado vuelta la cara ante esto, incluso hoy se puede ver a las nuevas estrellitas rocker poser del momento hacer alarde de tener un público inteligente que no usa bengalas, lamento que tipos como estos se estén manducando la cabeza de la gente que los proclama y caigan en un análisis de simplismo mental cargado de prejuicios que no tiene el más mínimo conocimiento de las verdaderas condiciones que causaron Cromañón y que peor aún, hayan sido indiferentes. Íconos que representan el rock local se han solidarizado loablemente con diversas tragedias ajenas al rock pero cuando sucedió Cromañón miraron para otro lado, siendo que la misma estaba directamente relacionada al ámbito que le es propio, no se hicieron cargo, no creían que ellos también formaran parte, les fue indiferente e incluso algunos opinaron desde el pedestal del intelectualismo.
Uno de los que si se puso la camiseta y apoyó la causa Cromañón fue el gran León Gieco que compuso el emocionante tema “Un minuto” que cantaría conjuntamente a Pato Fontanet. Es imprescindible posicionarme a favor de Callejeros, una de las pocas bandas que le dio luz a los sectores barriales y marginados, aquellos que las clases dominantes quieren callar y hacer incorpóreos. Ese rocanrol era una forma de sentirnos vivos, las bandas barriales decían lo que nosotros queríamos decir, pero no teníamos micrófono para hacerlo. Como dijo Estela, madre y abuela de todos nosotros: “La música no mata”. La música por el contrario, es vida. Da esperanzas a los sometidos, despierta conciencias dormidas, enciende un motor de lucha cultural y se convierte en una causa de militancia para que los oprimidos muestren todo su potencial a través del arte. Lo que verdaderamente mata es la corrupción, la desidia y la indolencia de quienes buscan su propio rédito pactando a base de sangre y muerte, sin escrúpulos y por encima de todos nosotros. Tanta hiena riendo a carcajadas terminó finalmente predando nuestra gran felicidad, tanta trampa, tanto golpe mal dado, tantos miedos, ni una oportunidad.
Cromañón es algo que nos pasó a todos, pero ¿podemos pensar que todos somos responsables? Hay acontecimientos que suceden y no podemos hacer nada por evitarlos ya que dependen de otros en diferentes escalonamientos que nos superan por completo. De lo que si somos responsables es de nuestro accionar, de aquello que nosotros impulsamos, de lo que hacemos o incluso de lo que omitimos. Nuestra responsabilidad está allí y la tuvimos en menor medida, pero la tuvimos. No somos culpables, pero si responsables de haber ignorado lo que sucedía a nuestro alrededor. Aquello que fue producto de un cercenamiento cultural arrastrada de años anteriores, de una educación supeditada, monopolizada y asolada por las clases dominantes que lejos de pensar que Cromañón fue una falla del sistema, piensan que fue todo un éxito, ya que es una condición necesaria y final para que el mismo se pueda seguir reproduciendo. Somos responsables de haber ignorado todo ese proceso meticuloso que se urdió a nuestras espaldas y que instauró los cimientos sociales, políticos y culturales para que Cromañón fuese posible. Fuimos ignorantes, sí, pero ahora no somos indiferentes ante los hechos. Y es nuestro deber, quienes creemos en la política como una herramienta para producir el cambio social, seguir impulsando esta lucha de todos los días.
Es esencial la solidaridad, el compromiso y acompañamiento de muchas personas que en todo este tiempo también se hicieron cargo de Cromañón. La búsqueda de justicia, debe ser la búsqueda de todo el conjunto social. Nuestro dolor, es el dolor de toda la sociedad. Nuestra conciencia individual debe de ser expandida y transformarse en conciencia colectiva, para que tragedias como Cromañón no se repitan. Más allá de nuestras diferencias ideológicas, posicionamientos respecto a la causa u otros motivos que pueden servir de impedimento, debe primar la cortesía y la solidaridad, construyendo conciencia a través del diálogo y la comunicación, exigiendo a los poderes concentrados una verdadera justicia social por el respeto y el recuerdo de todos nuestros chicos fallecidos que nos iluminan y nos dan fuerza para no bajar los brazos. Sólo unidos en esta lucha podremos componer una verdadera resistencia que escudriñé y haga efectiva la justicia. Y lo tenemos que hacer sabiendo que vamos a enfrentarnos a grandes poderes que harán lo posible por zafar, no hay que asustarse, porque asustados no se puede pelear.
A modo de cierre quiero agradecer a Rodrigo Lugones, amigo y compañero de lucha, por su ayuda en la redacción de esta carta. También quiero agradecer a todos los que estuvieron conmigo y fueron de un gran apoyo incondicional durante todos estos años, gracias a ellos puedo hoy ser parte de esta causa. Mi consideración y disponibilidad para todos aquellos que quieran acercarse a dialogar, proponer, intercambiar e intensificar ideas que nos ayuden a efectivizar justicia social. Somos nosotros los que haremos nuestra propia historia aunque tengamos que lidiar con artilugios del pasado, como dice Marx en El brumario de Luis Bonaparte: “Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado”.
¡JUSTICIA POR LAS VÍCTIMAS DE CROMAÑÓN!
¡LOS PIBES DE CROMAÑÓN, PRESENTES, AHORA Y SIEMPRE!
¡CÁRCEL A LOS VERDADEROS RESPONSABLES!
Lucas Ezequiel Pereyra
Sobreviviente de Cromañón
Foto: Florencia Llompart
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